Noctámbula de fuego (hablando de La Lupe)
Cae la lluvia y es dulce, si la escuchas con atención, te darás cuenta que es un arrullo materno, a sus descendientes de la tierra que la han olvidado. Siento pena pero también gozo porque sé que soy testigo de su presencia y amor. La tierra es originaria y el canto la celebra. Entre piedras preciosas y alhajas, ella asiente sus pies desnudos sobre el suelo frío y sucio de la tarima. Siente como el ron enciende cada célula de una fiebre, que quema como hielo frío. Atrás quedaron los días de la tirana, hoy entre la sombra se distingue el amor de una madre y la tristeza de quien ha perdido un tesoro. ¿Habrá encontrado paz en los márgenes del escenario? Después del incendio, queda el instante de las cenizas y del olvido, a menos que alguien escuche su voz agridulce y más transgresora en cualquier calle del centro de Maracaibo o de La Habana. Acaso sus vecinos del Bronx bailaron sus boleros y cantaron a todo pulmón y entre lágrimas sus melodías latinas e incendiarias. A veces la lluv...