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Mostrando entradas de febrero, 2023

La sonrisa de Róża

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Miro el paisaje a través de la ventana del tren. Escucho las carcajadas de los obreros en el puesto de atrás. Hablan de una bailarina de un cabaret en la capital. Se ríen con sorna y cierta ingenuidad. La comodidad de la ignorancia. Ya me voy a poner nuevamente a juzgar a las personas. No es agradable Rosa, no es agradable. Siento frío, me provoca un chocolate caliente pero siento desde hace días acidez en la boca de mi estómago. ¿Cuántas horas faltan? Rosa, aquiétate. Pronto verás a Leo. A pesar de la distancia, siento su olor a almizcle. En su compañía, calmo mi angustia porque él me ha enseñado a recobrar mi propia libertad. Uno de los obreros enciende un cigarro y lo comparte con sus compañeros, hablan del mal tiempo. Intento quedarme dormida, pero no puedo. De repente, siento que alguien me observa. Desde otro vagón, una mujer aristócrata me mira fijamente mientras se acerca por el pasillo. Parece que se ha dado cuenta de quién soy por alguna foto de un diario, pero yo no la conoz...

La febrilidad de Amelia

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  La gasolina y el humo se entremezclan con mis lágrimas. No hay retorno. Pienso en el abrazo de George, recibiéndome en Washington. Veo su sonrisa afable y mi cuerpo trémulo arropado por su calor. ¿Lo estoy viendo en este momento o es otra alucinación, producto de la fiebre? Estamos sobrevolando a 3.657 metros de altura. Respiro con dificultad. Comenzamos a caer.   No logro convertir el miedo en un impulso de vida, lo acompaño durante estos segundos de agonía y de vértigo. No veo nada, la neblina, la tormenta y el olor a mar están cada vez más cerca.   Cierro los ojos y ahora estoy nuevamente en los bosques de Arkansas, floto sobre las hojas amarillas y rojizas del otoño, tengo 7 años y sostengo un rifle en mis manos. Supongo que siempre he tenido un arma en mis manos y con ella me he labrado mi espíritu. Estoy a punto de morir y veo hojas amarillas y rojas que me mojan mi cara untada de salitre y lágrimas. *** Ángela Guillen Velazco

Las olas carnales de Teresa

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  Mis dedos acarician tu piel exquisita y perfumada a trinitarias de mi niñez. Ellos que han memorizado tantos valses, baladas y opus sobre la superficie de madera de tilo que suena a lágrimas y gemidos profundos.   En este viaje, el mar me revela su tesura. Quizás no estaba oculta para mí, pero antes me encontraba tan distraída con mis amores y mis sueños de niña mimada. Ahora no tengo nada que esperar, no tendría por qué. Mis hijos han crecido, han partido hacia su peregrinaje. Solo espero que encuentren en la cotidianidad, el sosiego que busqué en los romances y homenajes pasajeros.   Ahora se elevan los fortísimos en las olas, ¿es la misma angustia del Mar Caribe que el lamento del río Hudson? A veces extraño capturar con mis manos el secreto de la melancolía. Pero ya no puedo, los párpados me pesan y el entramado de sonidos que atraviesan mi espíritu, me reclaman su atención. Tanto silencio, desgarre de los semitonos y lamentos robados a la eternidad, han acu...

El sueño tungsteno de Mary

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                                                                                                                                                                                                                                               A Zigmunt Cedinsky. Desperté sobresaltada, es la tercera noche que sueño con los dispositivos eléctricos que vi en la feria de la ciencia. Un azul índigo, violent...