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Noctámbula de fuego (hablando de La Lupe)

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  Cae la lluvia y es dulce, si la escuchas con atención, te darás cuenta que es un arrullo materno, a sus descendientes de la tierra que la han olvidado. Siento pena pero también gozo porque sé que soy testigo de su presencia y amor. La tierra es originaria y el canto la celebra. Entre piedras preciosas y alhajas, ella asiente sus pies desnudos sobre el suelo frío y sucio de la tarima. Siente como el ron enciende cada célula de una fiebre, que quema como hielo frío. Atrás quedaron los días de la tirana, hoy entre la sombra se distingue el amor de una madre y la tristeza de quien ha perdido un tesoro. ¿Habrá encontrado paz en los márgenes del escenario? Después del incendio, queda el instante de las cenizas y del olvido, a menos que alguien escuche su voz agridulce y más transgresora en cualquier calle del centro de Maracaibo o de La Habana. Acaso sus vecinos del Bronx bailaron sus boleros y cantaron a todo pulmón y entre lágrimas sus melodías latinas e incendiarias. A veces la lluv...

Bajo el eclipse de sangre, Frida levita

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  Siente el sabor crudo del limón en su boca, después de chuparlo al beber un trago de mezcal. Llueve y sus lágrimas son dulces como la suavidad de las amapolas. La niña es hija de Europa y América como la mayoría de sus compañeros de clases. Sus trenzas adornadas con trinitarias fucsias resplandecen sobre su cabello azabache. Su mirada curiosa no se aparta al ver el sufrimiento, de hecho, siente que ella lo atrae con una fuerza magnética casi suicida. La ternura a veces está enrevesada con el dolor púrpura de sangre y analgésicos. No le teme a la oscuridad sino al silencio sostenido de la madrugada, en la que a veces es capturada durante horas sostenidas de dibujo y pintura. Esa noche son las tres de la mañana y las voces de los borrachos y las prostitutas se entremezclan en los bares cercanos. Ella pinta, no es tarde, ni temprano, es la eternidad contenida en un instante. Sus ojos agrietados se transforman en un faro luminoso que proyecta luz a millas náuticas de distancia. Escuc...

El jadeo amarillo de Nina

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  Nina es deliciosa en su estado contracorriente, tan terrenal y capaz de levitar con su celestial voz, así le dicen algunos fans en sus cartas con bombones. Esa mañana, voló a París, la esperó el contacto de la disquera en el aeropuerto, la llevó al hotel. Llamó a sus amigos, quienes la buscaron al hotel y la llevaron a una casa a las afueras de la ciudad, en donde Ives el saxofonista la llevó junto con su pareja a una casa en las afueras. Una finca del siglo pasado con una decoración colonial.   Tomaron una limonada porque era verano y hacía calor. Caminaron hacia el jardín y hablaron de política, música y las lágrimas compartidas vinieron espontáneas y sentidas, mucho tiempo acumulado.   Nina comenzó a cantar y las pieles de los presentes se erizaron como si su voz fuera una revelación de lo eternidad prometida, un relámpago de Zeus, la vagina de Baubo, la levitación de los reptilianos .   I put a spell on you, cause you're mine... I love you anyhow ...

Entre documentos y aceitunas con Margaret

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  Quien decide finalmente quién vive y quién muere. Una simple decisión, una orden directa. Pasaron horas de discusión dentro del gabinete. Entre noticias de inteligencia y contrainteligencia, radares, noticias y mensajes encriptados y en código morse.   La dama siente sed pero no quiere beber agua, no quiere ir al baño. La tensión que siente dentro de su diafragma y cabeza es el reflejo de la presión que ella misma se autoimpone para evitar demostrar debilidad ante aquellos generales y ministros.   El crucero ARA General Belgrano se encuentra a 200 millas de radio fuera de la zona establecida por el Reino Unido, al sudoeste de Las Malvinas. ¿Quién da la orden? En las afueras de la finca, los ingleses terminan sus jornadas de trabajo, se dirigen a casa en bicicleta o en tranvía, unos beben té, otros buscan a sus hijos y algunos escuchan las noticias de la guerra a lo lejos, en el otro lado del mundo, en el mar, cercano a un país llamado Argentina, que había recibi...

La tarde en la playa con Marilyn

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  Qué rico el olor a salitre, el mar esconde su secreto y lo revela en clave en su danza de la tarde. Leo una carta de mi hermana, me dice que está bien, me cuenta sobre sus hijos y su vida como ama de casa. Su compañía aunque sea a la distancia me hace sentir bien. Esta mañana me escapé con Joe a una de las playas de Santa Mónica. Tenía grabación, pero la cancelé. Estoy cansada, quiero sentir la libertad de los niños pequeños, la infancia sin horarios ni obligaciones. La pequeña Norma quiere montarse en los columpios y oler las flores, pero ahora es adulta y Marilyn juega con sus escotes y ejercicios de improvisación frente a la cámara.   Me acuesto en la hamaca en la terraza del apartamento, descanso. No estoy maquillada, me siento tan lejana y cercana a sus besos. Un amigo de Joe, trae una olla con ostras y limones. Con los amigos, cocinamos arroz a la marinera y preparamos mojitos y margaritas. La tarde está fresca, el sol calienta la marea. Joe gusta hablar de carrera...

La brisa cálida de Idea

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  El verso no tiene dueño, es libre y camina desnudo bajo la mirada de los transeúntes, en una mañana calurosa y anómala de otoño. Ella se imagina cruda y en cueros, caminando como una elfa caucásica con un sombrero verde tipo hongo. Ella camina, sus pies desnudos cruzan charcos y fangos amarillos. Se descubre en otro tiempo en el futuro multitudinario y solitario. Se descubre anacrónica en un Japón del segundo milenio y con luces de neón.   La silueta femenina descansa sobre el sofá felpa azul con pelos de gato. Fuma y bebe mate con un rictus dulce y suave. Almorzó con unos amigos literatos y estudiantes y regresó a casa a buscar los libros que le prometió al estudiante cuya tesis está asesorando. Entre polvo y hojas secas, encuentra algunos títulos, los agrupa sobre el sofá y les coloca un papel con el nombre de su pupila. Se recuesta a fumar su cigarro de las cuatro de la tarde.   La tv está encendida desde hace rato, en donde transmiten unos videoclips de grup...

Hannah y lo que oculta la neblina

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  Tiene 10 minutos de retraso. No es de extrañar, seguramente se quedó hablando un rato en la Facultad acerca de su último ensayo. Cómo perder la oportunidad de hablar sobre su trabajo con un catedrático o con un estudiante brillante. He aprendido a quererlo así como es, egocéntrico y de humor mordaz.   Afuera la neblina desborda las calles de Wiesbaden. Llamo a la joven mesera y le pido un té de manzanilla. El rostro mestizo de la joven me hace pensar en cuántos kilómetros tuvieron que recorrer sus antepasados para llegar a esta tierra. De repente pienso con nostalgia en mis raíces judías. Dejo de mirarla para evitar hacerla sentir incómoda. He notado que mi mirada suele ser invasiva para aquellas personas de carácter tímido y frágil.   Mi mano derecha acaricia la portada del libro El Concepto de la Angustia de Kierkegaard. Debo leerlo esta noche y comenzar a escribir un ensayo y entregarlo pasado mañana. Evito mirar el reloj, sé que seguramente por el clima, Mar...