La brisa cálida de Idea

 


El verso no tiene dueño, es libre y camina desnudo bajo la mirada de los transeúntes, en una mañana calurosa y anómala de otoño. Ella se imagina cruda y en cueros, caminando como una elfa caucásica con un sombrero verde tipo hongo. Ella camina, sus pies desnudos cruzan charcos y fangos amarillos. Se descubre en otro tiempo en el futuro multitudinario y solitario. Se descubre anacrónica en un Japón del segundo milenio y con luces de neón.

 

La silueta femenina descansa sobre el sofá felpa azul con pelos de gato. Fuma y bebe mate con un rictus dulce y suave. Almorzó con unos amigos literatos y estudiantes y regresó a casa a buscar los libros que le prometió al estudiante cuya tesis está asesorando. Entre polvo y hojas secas, encuentra algunos títulos, los agrupa sobre el sofá y les coloca un papel con el nombre de su pupila. Se recuesta a fumar su cigarro de las cuatro de la tarde.

 

La tv está encendida desde hace rato, en donde transmiten unos videoclips de grupos de rock de los ochenta. Ella lo ignora e intenta colocar su mente en blanco mientras recita en voz baja algunos versos aleatorios de Cortázar.

 

Se queda dormida y comienza a soñar con el sonido de las olas que van a y vienen, mecidas y afectadas por la luna. Sus ojos observan libros que flotan sobre el océano. De repente, se entrecortan imágenes de varios soles rojos, bajo el fondo musical de cantos gregorianos. El ritmo es caótico, pero también está provisto de la paz de la eternidad.

 

De repente se despierta sobresaltada, solo han pasado pocos minutos pero ha soñado un montón de cosas. Se restriega los ojos, se prepara otro matecito y mira el reloj en su brazo. Son las cuatro y media de la tarde. Ella sabe que es la hora de revisar sus correos de las casas editoriales, universidades y premios en los que evalúa los trabajos de los nuevos talentos de la literatura uruguaya y latinoamericana. Su gato se sube a sus piernas, ella lo acaricia y lo suelta. Se levanta y va a hacia su despacho, enciende la PC.

 

Suena la tv, pero ese ruido no la distrae. Hay varios emails y anuncios de publicidad que ella ignora. De repente, se percata que de repente todo ha quedado en un absoluto silencio etéreo, abrasivo y primitivo. Idea se levanta de la silla con fuerza y se detiene, no se escucha nada, todo se ha callado la tv, los gritos de los niños que juegan fútbol a esa hora en la calle, el bullicio, el tránsito. Se asoma en el balcón y de repente, se despierta del sueño de la playa que se convirtió en el sueño del gato sobre su sofá de felpa azul y el silencio absoluto.

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Ángela Guillen Velazco

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