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Mostrando entradas de enero, 2023

La vigilia de Charlotte

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  Este lugar me huele a miedo, una especie de humedad y de espesura del aire, que me causa ahogo. Estaba preparada para lo que me venía, o eso creía. Estoy muy cansada, no he podido dormir como si mi alma estuviese deseo de entrar al sueño eterno o a la salvación de mi alma. ¿Fui el instrumento que tenía que hacer? ¿Cuántas muertes evité? La rabia y el resentimiento que vi en sus ojos, cómo describirlo en palabras. Es como ser mordido por un lobo en una cueva oscura, su dolor te arde en tus ojos.   La historia tiene sus instrumentos misteriosos de confabulación. Siento que el pecado de mi víctima fue menospreciar el poder de los individuos, de los solitarios y de las mujeres pequeñas burguesas como yo. Mientras que mi pecado fue constatar que un asesinato en vez de reducir la violencia, la multiplica. Aunque confieso que estoy convencida que debí hacerlo, cortar la cabeza de la hidra. Que Dios me perdone por convertirme en jueza.   Ahora siento frío. El soldado qu...

El Charleville de Catalina

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  Los olmos son mecidos al vaivén del viento vespertino, cerca del atardecer. El jardín del palacio se extiende kilómetros de grama natural. Los canes corren, olfatean y jadean bajo las hojas rojizas. La cola del vestido blanco con delicados bordados en oro toca el césped. Mientras el vicecanciller lee las propuestas para la firma del tratado de paz de Küçük Kaynarca, la reina revisa varios mosquetes servidos en bandejas de plata para disparar a liebres que tienen apresados los sirvientes.   -Acceso a los puertos de Jerson en el Mar Negro, Kerch y Enikale en el Cáucaso- le indica él. -Es hora de que nuestros barcos naveguen por el Mar Negro- agrega ella. -Entendido, su excelencia. La soberana mira un mosquete Charleville oro blanco, con incrustaciones de diamante y la culata elaborada en caoba. Se detiene, lo sostiene y alarga su brazo. Apunta su ojo hacia el blanco. El sirviente toma por las orejas a una liebre gris y gorda y lo suelta. Ella cierra su ojo izquierdo ...

La intemperie de Manuela

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Esperar ha sido su peor temor, estar paralizada en su cama, en su hamaca, en el sillón a la espera de algo, ¿será la espera de la muerte? ¿De otra carta? ¿De días más cálidos? ¿Del anochecer? ¿De otra aventura? ¿Qué espera?   Sus botas de campaña están arrinconados ya que sus pies desnudos cuelgan de la hamaca. Tiene un camisón largo, que cubren a media su desnudez. Su amante escribe cartas de órdenes de guerra, durante la vigilia de la madrugada. Ella tararea una canción infantil quechua, él se burla de ella, canta desafinada.   Pero ella no lo escucha, sus ojos son un continente llenos de viajes ficticios hacia los imperios egipcios y persas, como fantasías antiguas que aún conserva de su infancia. Él sabe que aquellos momentos de abstracción, solamente le pertenecen a ella. Ni él mismo puede perturbarlos. La brisa está calmada, el silencio es infinito, solamente el rasgueo de la vela arde en aquella habitación bajo la noche de Bogotá. Ella interrumpe su cavilación y...

La hondura de la reina Juana

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El olor del cordero asado, el queso, el pan y el vino inunda el salón principal del castillo flamenco en Gante. Los músicos azoran la fiesta con el rasgueo de la guitarra, las palmas y el cajón. La atmósfera es de algarabía y jolgorio. La dama de ojos negros hace sentir sus pasos como una felina de fuego. Sentada en el mesón principal, se levanta y se acerca a los músicos. De inmediato, siente la mirada acusadora de los nobles y los sirvientes. Ya es costumbre para ella, no le incomoda, es más, hasta necesita esa atención.   Siente cierta acidez en la boca de su estómago, pero palmea igual con goce. El rey la mira con ojos soberbios, ella traduce esta mirada como un acto de deseo. Agarra una copa de vino, aunque el sirviente le dice que no puede hacerlo por su embarazo, la reina no le hace caso. Su pecho arde, siente que el licor baja con calor hacia su garganta. Empieza a nublarse la mirada, se marea y unos de los sirvientes la ayuda a sentarse, ella toma aire y bebe un vaso...