Otro de los desvelos de Sor Juana
La luna menguante arde en los ojos de la monja, está agotada, lleva días sin dormir. Ha orado varias veces el rosario y la mente comienza a jugarle nuevamente trucos. Escucha sonidos y voces de personas que están allí en su habitación vacía, sumergida en la oscuridad. Ella está recostada en la cama, intentando cerrar ojos y descansar pero la nitidez de los sonidos de otras habitaciones se intercala en su cabeza como vidrios rotos. Le duele la cabeza, de repente comienza a llorar sumergida ante la desesperación. A veces tiene la sensación de saberse nada, saberse vacía. Solamente la fe inunda su cuerpo hueco. Esa madrugada es una de las noches en la que siente su espíritu podrido, nauseabundo, pero sobretodo cansado de luchar y de vivir. A veces la fe es suficiente, otras veces es la poesía y otra vez simplemente es un espíritu invisible, cuyo nombre desconoce. Su mente comienza a viajar a kilómetros de su aposento. Recuerda recuerdos fugaces de sus caminatas...