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Mostrando entradas de diciembre, 2022

Otro de los desvelos de Sor Juana

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  La luna menguante arde en los ojos de la monja, está agotada, lleva días sin dormir. Ha orado varias veces el rosario y la mente comienza a jugarle nuevamente trucos. Escucha sonidos y voces de personas que están allí en su habitación vacía, sumergida en la oscuridad.   Ella está recostada en la cama, intentando cerrar ojos y descansar pero la nitidez de los sonidos de otras habitaciones se intercala en su cabeza como vidrios rotos. Le duele la cabeza, de repente comienza a llorar sumergida ante la desesperación. A veces tiene la sensación de saberse nada, saberse vacía. Solamente la fe inunda su cuerpo hueco. Esa madrugada es una de las noches en la que siente su espíritu podrido, nauseabundo, pero sobretodo cansado de luchar y de vivir.   A veces la fe es suficiente, otras veces es la poesía y otra vez simplemente es un espíritu invisible, cuyo nombre desconoce. Su mente comienza a viajar a kilómetros de su aposento. Recuerda recuerdos fugaces de sus caminatas...

El sigilo de Malintzin

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                                                                                                                    A Kellys García.  Era de madrugada. En la casona, se escuchaba el murmuro de las voces de los soldados en las granjas cercanas. Su piel canela y sus ojos como dos almendras brillan en la oscuridad, un gato gris toca su cola con sus pies desnudos, que siente el frío de la neblina, que lo cubre todo a medias, creando una imagen fantasmagórica de vacío e historia en trance. La mujer no puede dormir, los gritos de los guerreros muertos en la última refriega, resuenan aún en su cabeza. ¿Será verdad lo que murmuran los niños a su paso? ¿Será que la muerte la acompaña? Intenta pensar en o...

El ciprés de Juana de Arco

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  La niña de cabellos rojizos, delgada y mirada abstraída, corría a través de los cultivos de berros de Dòmremy. El olor fuerte de las diversas hortalizas germinadas en primavera, la relajaban mientras se acostaba sobre la tierra y cerraba los ojos a la espera de nada, a la espera. ¿Qué podía esperar aquella niña francesa, nacida en el campo, en medio de la cruel Guerra de los 100 Años?   Una tarde, se atrevió a escalar un alto ciprés, que solía mirar con temor y respeto ante su gran altura y fuerte presencia magnánima. A medida que lo escalaba, el miedo y la emoción hacían que su corazón se sobresaltara. Algún paso en falso caería y su padre la regañaría y no la dejaría salir de su casa por desobediente.   Este temor hacía que sus manos agarraran con más fuerza el tronco grueso y áspero, sus deditos pequeños estaban arañados. Con ellos, pudo escalar, empujada con su propio peso y su voluntad. Arriba, sintió la fuerte brisa que revolvía su pelo y el vértigo, una s...

El firmamento solitario de Hipatia

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  Me pregunto si algún día, podremos llegar hacia los cielos. ¿Sería posible? ¿O solamente es el alma la que puede trasladarse hacia los confines de la Tierra y tocar la línea superior, como lo hace el mar cada día?   La inmortalidad de los planetas en la danza celestial. ¿Son fijos realmente los astros? ¿Qué se mueve? ¿La tierra, la luna, el sol o todos, o ninguno? Mi corazón se mueve cada día, lo siento dentro de mí. ¿Por qué algo tan pequeño e insignificante como mi corazón se mueve y los planetas no? Ellos se mueven, danzando al ritmo de los caracoles y los cantos órficos.   Todo se mueve, lo alto, lo bajo, las líneas, los nísperos, las aves, los fieles que van a sus templos, los ojos y mis manos al vestirme con mi túnica y mi tocado. ¿Los dioses acaso permitirán que la maldad y la ignominia de los hombres lleguen a los cielos?   ¿En dónde reside la perfección de los dioses? ¿En su inmortalidad? ¿No será precisamente su inmortalidad su maldición? La m...

Zenobia y el Éufrates asumido

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  Algunos actos de temeridad son incomprendidos. Habrá que ponerse en la piel del ejecutante para apenas entender algunos atisbos del por qué. La vieja nana le contaba en las noches antes de dormir que su madre tenía 7 meses de embarazo y blandía con su mano una espada de metal mientras se defendía de los soldados de Alejandro Magno. Estaba inmersa en el fragor de la batalla cuando sintió los dolores del parto. Corrió hacia los muros de Palmira y parió allí, a la intemperie, bajo la desnudez y la brisa de la noche. En la adultez, supo que todos esos cuentos eran fábulas, cuentos come bobos para hacerle dormir.   De tez morena, la conquistadora del Este nació en la guerra y perdió en la guerra, en el fulgor de la batalla, olor a sangre, sudor y bajo el estruendo del metal. Cuando vio los cadáveres de su rey Odenato y de su hijastro, supo que nadie la protegería a ella ni a su hijo recién nacido. Ella mismo se convirtió en leona en medio de las manadas de lobos y corderos....