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Mostrando entradas de marzo, 2023

¿Qué busca la sombra de Anna?

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  Nueve de la noche en un teatro de Berlín. El humo del cigarro esparce una densa nube de oscuridad y bullicio. Decenas de coloretes y lápices labiales están encima del mostrador del camerino de las bailarinas. Las piernas desnudas de Anita son untadas de aceite, ella respira y en silencio se mira frente el espejo, sabe que la coreografía que está a punto de ejecutar, la mandará directamente a prisión o será vista por un productor de cine famoso que la contrate para su próxima película. ¿Acaso esa no es la fantasía de toda artista?   Se escucha de fondo a los músicos afinando sus instrumentos, la viola, el chelo, el saxofón y el piano.   Le informan que le falta 5 minutos para entrar a escena. Inhala unas líneas de cocaína para darse más fuerza, la determinación ya la tiene, ha nacido en su interior desde que decidió nacer en este siglo de dos guerras mundiales. Las otras actrices la miran, algunas con admiración, otras con envidia y una con una sonrisa sincera. A...

Las luciérnagas en las manos de Marie

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  El niño gordo con ropa ensuciada por el lodo, me mira mientras escucha mi explicación a su inocente pregunta, qué son esas cosas con sombras blancas. Se refiere a una placa de rayos X, que sostengo para ver si la astilla metálica ha perforado la arteria en el cuello de un soldado. A pesar de vivir en esta época tan desafortunada, aún conserva cierta pureza en su mirada. Cuando lo veo, pienso en los niños de mi amada Polonia, que juegan con la nieve, a pesar de las inclementes bajas temperaturas.   Al mirar la placa, me doy cuenta que la barra metálica no puede removerse sin arriesgar la vida de este hombre francés, que me mira con terror. La enfermera le inyecta morfina y le entrego la placa al médico de la Cruz Roja, que entiende la decepción de mi mirada. Me llaman de otra tienda, seguimos recibiendo más heridos y el niño me dice adiós. ¿Algún lo volveré a ver, pero ya adulto? Me niego a seguir pensando en otras cosas, hay que sacar más placas, morfina y gasas desinfec...

Los ojos alegres de Antonia

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  Miro desde la ventana a las personas aglomeradas afuera del teatro, que esperan entrar y ver mi espectáculo. Si supieran que hoy mi pena se ha esparcido por todo mi cuerpo y no puedo refrenarla. Tiempos oscuros tocan la puerta de la ciudad y algunos espíritus humanos así como el olfato de los perros, los gatos y las hienas lo presienten. La luz de mis ojos y mis manos, contempladas y vitoreadas por propios y extraños, se oscurecen, se apagan y debo maquillarlas para seguir otorgando esperanza en aquellos más inocentes como los niños y ancianos, quienes tanto sufren por los desmanes de los poderosos, dientes filosos de la avaricia y el odio.   Le pido al guitarrista una sevillana lenta y gozosa. Su cante es apesadumbrado. Hasta el diafragma siento que toda la existencia no es asaltada de repente, en un mismo instante. La tristeza viene por el amor que siento hacia mis amigos, familiares y paisanos. Me duele la espesura de la enfermedad, la mendicidad y el miedo. Tengo m...

El cuerpo desnudo, húmedo y cifrado de María

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La tarde es calurosa, la brisa lacustre protege nuestras pieles del hervidero. Aunque el calor de mis adentros sobrepasa el infierno del paisaje. El centro de la ciudad me atrapa con su bullicio y olores del mercado: pescado, humo y colonias de hombre.   Prefiero el reposo de la tarde. En mi siesta vespertina, me levanto la bata y descubro la desnudez de mi sexo velludo, intento no sofocarme pero hay cuerpos hechos para los embates del goce. Nací con una insaciabilidad incómoda para los hipócritas y fariseos. Me hallo entre el puñal y el desasosiego.   Los psicólogos que hablan de la oquedad de la mente femenina, les respondo que se equivocan. Nuestro deseo no es por llenarnos de una sustancia externa a nuestras posibilidades, dícese el amor de un hombre, la fama, el amor de los hijos. Nuestro deseo va más allá, hemos visualizado en nuestro acto de dar, ese todo, esa materia etérea, el sentir, el ser consciente y asumir esa identidad integrada. No es una sublimació...

El sueño de glasé de Margaretha

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  A veces la imitación se confunde con la fantasía. Me han acusado de farsante, ¿quiénes? los que nunca se han atrevido a dialogar con su propia sombra.   Me acusan de ser una farsante, que no sabe de baile, de arte, de política, pero eme aquí como una sobreviviente, en medio de los gritos y la oscuridad. Entre generales y actrices, lanzo al vacío de los aplausos y los gemidos del instante.   Me acusan de traicionar a mi país, ¿qué país me defendió ante los golpes de mi marido? ¿Qué país cuidó a mis hijos? ¿Qué país defendió mi dignidad como mujer y madre? Me apropié de las armas de la diosa Pele para sobrevivir. ¿Murieron hombres por mis cifrados? ¿Quiénes causaron la guerra y se frotaron las manos al contar las ganancias de la venta de armas? Asumo mi responsabilidad, pero ustedes también, generales, políticos y empresarios de Europa.   Desde la ventana, sopla la brisa marítima. Mi maestra, una mujer sencilla, que se ha convertido en mi maestra y confid...