Las luciérnagas en las manos de Marie

 


El niño gordo con ropa ensuciada por el lodo, me mira mientras escucha mi explicación a su inocente pregunta, qué son esas cosas con sombras blancas. Se refiere a una placa de rayos X, que sostengo para ver si la astilla metálica ha perforado la arteria en el cuello de un soldado. A pesar de vivir en esta época tan desafortunada, aún conserva cierta pureza en su mirada. Cuando lo veo, pienso en los niños de mi amada Polonia, que juegan con la nieve, a pesar de las inclementes bajas temperaturas.

 

Al mirar la placa, me doy cuenta que la barra metálica no puede removerse sin arriesgar la vida de este hombre francés, que me mira con terror. La enfermera le inyecta morfina y le entrego la placa al médico de la Cruz Roja, que entiende la decepción de mi mirada. Me llaman de otra tienda, seguimos recibiendo más heridos y el niño me dice adiós. ¿Algún lo volveré a ver, pero ya adulto? Me niego a seguir pensando en otras cosas, hay que sacar más placas, morfina y gasas desinfectadas.

 

Esta mañana sentí náuseas al comer pan con moho. Después de lo que he visto esta tarde, me da rabia conmigo mismo y cierta culpabilidad. Me acerco a la ambulancia y comienzo a conducir. Recrudece el deseo de entregarme al auxilio de estos hombres y mujeres, que han decidido ser escudos contra la ferocidad del odio y la oscuridad. La imagen del hombre que perdió ambas piernas tras pisar una mina, una enfermera que se dislocó un hombro al socorrer a un herido, el capitán que recibió una granada en su puesto de vigilancia y cuya vida pende de un hilo.

 

El frío estremece mi columna después de ver los cadáveres apilados, ante la escasez de las bolsas térmicas. Mis lágrimas emergen sin que yo pueda cubrirme el rostro, no aguanto, no puedo. Debo asistir a más heridos, sacar más placas. A veces simplemente, quisiera cerrar los ojos y estar nuevamente en mi laboratorio, en la seguridad que me da el microscopio y las fórmulas químicas. O simplemente, sentir la suave textura de la nieve de Varsovia.

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Ángela Guillen Velazco

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