El Charleville de Catalina

 


Los olmos son mecidos al vaivén del viento vespertino, cerca del atardecer. El jardín del palacio se extiende kilómetros de grama natural. Los canes corren, olfatean y jadean bajo las hojas rojizas. La cola del vestido blanco con delicados bordados en oro toca el césped. Mientras el vicecanciller lee las propuestas para la firma del tratado de paz de Küçük Kaynarca, la reina revisa varios mosquetes servidos en bandejas de plata para disparar a liebres que tienen apresados los sirvientes.

 

-Acceso a los puertos de Jerson en el Mar Negro, Kerch y Enikale en el Cáucaso- le indica él.

-Es hora de que nuestros barcos naveguen por el Mar Negro- agrega ella.

-Entendido, su excelencia.

La soberana mira un mosquete Charleville oro blanco, con incrustaciones de diamante y la culata elaborada en caoba. Se detiene, lo sostiene y alarga su brazo. Apunta su ojo hacia el blanco. El sirviente toma por las orejas a una liebre gris y gorda y lo suelta. Ella cierra su ojo izquierdo y apunta, espera que la liebre corra, hace un cálculo rápido y dispara, el tiro es fallido.

 

El sirviente hace el ademán para tomar el arma y recargarla, pero la zarina insiste, ella extiende su mano y pide la polvorera. El vasallo se la entrega. Rápidamente, lo agarra, extrae la pólvora y ceba la cazoleta. Camina hacia adelante, apunta, espera nuevamente y realiza su segundo su disparo. Esta vez da en el blanco y la liebre cae muerta. La reina se mira los dedos manchados de negro por el polvo y se ríe. El vicecanciller la mira con picardía. Ella se sonroja. El sirviente le ofrece un pañuelo de lino, ella se limpia los dedos.

 

Otro de los sirvientes va a agarrar el cadáver de la liebre. Ella le hace un ademán con su mano para que lo deje ahí. Ella camina y el vicecanciller la sigue. Ella se agacha y mira el animal muerto. Le parece tan frágil ese cuerpo. Lo agarra de las orejas y lo mira, lo entrega al vasallo. Le dan otro pañuelo y ella se limpia de nuevo.

Se acerca al vicecanciller y le dice "Llévame al Mar Negro".


***

Ángela Guillen Velazco

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