El jadeo amarillo de Nina

 


Nina es deliciosa en su estado contracorriente, tan terrenal y capaz de levitar con su celestial voz, así le dicen algunos fans en sus cartas con bombones. Esa mañana, voló a París, la esperó el contacto de la disquera en el aeropuerto, la llevó al hotel. Llamó a sus amigos, quienes la buscaron al hotel y la llevaron a una casa a las afueras de la ciudad, en donde Ives el saxofonista la llevó junto con su pareja a una casa en las afueras. Una finca del siglo pasado con una decoración colonial.

 

Tomaron una limonada porque era verano y hacía calor. Caminaron hacia el jardín y hablaron de política, música y las lágrimas compartidas vinieron espontáneas y sentidas, mucho tiempo acumulado.

 

Nina comenzó a cantar y las pieles de los presentes se erizaron como si su voz fuera una revelación de lo eternidad prometida, un relámpago de Zeus, la vagina de Baubo, la levitación de los reptilianos.

 

I put a spell on you, cause you're mine...

I love you anyhow

And I don't care if you don't want me I'm yours right now.

 

Se quitó los zapatos y sintió que sus pies eran acariciados por la tierra mojada por el rocío. Su cabello afro contenía el aire del mundo, apretado y suave.

 

Ives comenzó a fumar y tomó una granada, la limpió, la cortó y dio de probar a las mujeres que seguían riéndose recordando los años de la segunda juventud entre blues, lluvia y humo en Nashville. Ocurrió el crepúsculos y los mosquitos comenzaron a importunarlos. Se refugiaron adentro en el salón, donde hay una mesa de pool y un cómodo sillón, donde Nina se recostó cansada.

 

La pareja comenzó a jugar pool, acompañados con una botella de wiski. La cantante-gata de voz melodiosa pudo conciliar el sueño. Ives se dio cuenta y tomó a su novia y comenzó a besarla, ella se reía, le señalaba que iban a despertar a su invitada.

 

Ives dijo que no importaba y comenzaron a meterse mano y a acariciarse. Nina se despertó y se dio cuenta que la pareja de amigos estaban teniendo sexo sobre la mesa de pool. Ella sonrió, se preparó un trago y contempló con placer la escena de entrega.

 

Los amantes acabaron y se rieron a carcajadas por haber sido descubiertos, aunque la confianza era mucho mayor que la...

 

La novia de Ives se vistió y él se abrochó el pantalón y se vistió de nuevo con la camiseta de lino azul rey. Nina se acercó a la ventana y comenzó a disfrutar la inmensidad de la luna llena, hostia fría de semen. La pareja se acercó, los tres se abrazaron en un minuto de cálida compañía en la inmensidad de la soledad mortal.

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