Entre documentos y aceitunas con Margaret
Quien decide finalmente quién vive y
quién muere. Una simple decisión, una orden directa. Pasaron horas de discusión
dentro del gabinete. Entre noticias de inteligencia y contrainteligencia,
radares, noticias y mensajes encriptados y en código morse.
La dama siente sed pero no quiere beber
agua, no quiere ir al baño. La tensión que siente dentro de su diafragma y
cabeza es el reflejo de la presión que ella misma se autoimpone para evitar
demostrar debilidad ante aquellos generales y ministros.
El crucero ARA General Belgrano se
encuentra a 200 millas de radio fuera de la zona establecida por el Reino
Unido, al sudoeste de Las Malvinas. ¿Quién da la orden? En las afueras de la
finca, los ingleses terminan sus jornadas de trabajo, se dirigen a casa en
bicicleta o en tranvía, unos beben té, otros buscan a sus hijos y algunos
escuchan las noticias de la guerra a lo lejos, en el otro lado del mundo, en el
mar, cercano a un país llamado Argentina, que había recibido a miles de
migrantes europeos en la Segunda Guerra Mundial.
Las agujas del reloj del salón suenan
con intensidad, el sudor cae por su frente y ella se seca disimuladamente con
un pañuelo de algodón. El camarero entra al salón y sirve agua con hielo en los
vasos, reintegra las aceitunas en los platos pequeños y vacía los ceniceros de
colillas de habanos y de cigarros.
¿Qué priva más en la decisión final del
hundimiento del crucero? ¿El movimiento preventivo contra un posible
"ataque de pinza" del Belgrano desde el sur y del Veinticinco de Mayo
desde el norte, la guerra contra el comunismo en la región, la necesidad de un
chivo expiatorio para despertar el patriotismo inglés necesario para seguirse
manteniéndose en el poder? ¿La ambición personal de escribir su nombre en la
historia y ser recordada como ganadora de una guerra? Todos estos pensamientos
atraviesan la mente de todos los presentes en el gabinete pero todos esconden
sus intenciones, dudas y rumores con palabras cordiales y sin afección.
¿Quién toma la decisión? Son las ocho de
la noche, los niños ingleses miran la tv, los ancianos cenan, los obreros beben
cerveza en el bar mientras discuten sobre el último juego de la Liga Premier.
Mientras que en Argentina son las cuatro de la tarde y los niños salen de la
escuela, los ancianos alimentan a las palomas en la plaza y los obreros beben
cerveza en el bar mientras hablan de fútbol de la Superliga.
Después de haberse tomado la decisión, Margaret se levanta y habla por teléfono con el almirante J. F. Woodward. Hundir el crucero. La dama toma un vaso de agua fría y come una aceituna. El sabor agrio refresca su boca. Más tarde al escuchar la confirmación de la muerte de 323 marines argentinos durante el ataque, la dama confirma que ha hecho lo correcto con sus generales, aunque siente un escalofrío que asciende por su columna vertebral y una migraña amenaza por aparecer y no dejarla dormir esa noche de victoria.
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Ángela Guillen Velazco

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